miércoles, 16 de marzo de 2016

LOS REFUGIADOS 

QUE DERRIBARON UN IMPERIO





Hace mil seiscientos cuarenta años, Europa vivió otra crisis de refugiados que tuvo resultados muy graves para aquel presente y, por descontado, consecuencias decisivas para el nuestro. Lo que hoy somos los europeos, y con más razón los españoles, tiene muchísimo que ver con lo que pasó a orillas del Danubio en el año 376.

"Roma no se hizo en un día", solemos sentenciar. Y nos parece una cosa de sentido común. Sin embargo, mucha gente aún cree que el Imperio cayó en una jornada del año 410, cuando Alarico y sus godos entraron como los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en la Ciudad Eterna. Para empezar no hubo saqueo desenfrenado, violación y matanza, pues el caudillo bárbaro no lo permitió. Así que la pintura de Ulpiano Checa de aquí abajo tiene más de fantasía que de realidad histórica.


La invasión de los bárbaros, Ulpiano Checa (1887).

Naturalmente, aquella derrota romana se vivió como si del fin del mundo se tratara y, en cierto modo, así fue: otra civilización entonaba su canto del cisne. Pero la verdad es que el Imperio Romano de Occidente llevaba casi dos siglos cayendo y aún tuvieron que pasar sesenta y seis años para que Rómulo Augústulo, el último emperador, fuera depuesto en 476 por el hérulo Odoacro. Bizancio, la Roma de Oriente, sobrevivió hasta que los otomanos derribaron los muros de Constantinopla en el siglo XV.

Aquellos bárbaros no eran, ni de lejos, los de Checa, y tampoco los que el artista francés Joseph-Nöel Sylvestre pintó en 1890 en el cuadro que abre esta entrada, titulado El saco de Roma. Para empezar, no estaban tan desnudos de ropa ni, por supuesto, de panoplia, pues fueron sumando al suyo el armamento y las tácticas de sus enemigos, romanos incluidos.


Guerrero visigodo
con espada y casco romanos.
Ilustración de Angus McBride
en Germanic Warrior (236-568),
para Osprey Publishing.
Según el historiador Amiano Marcelino (330-400), los godos venían de una "isla" boreal a la que llama Escandia. Pueden ser la Península Escandinava o la isla de Gotland, Gocia en español. En todo caso, era un territorio superpoblado, lo que empujó a parte de su población a emigrar. Los emigrantes desembarcan en lo que Amiano llama Gotiscandia, que se corresponde con la costa de la actual Polonia. Luego viajan hacia el sur hasta alcanzar la orilla norte del Mar Negro, en la actual Ucrania. Vencen a sármatas, alanos y a otros pueblos de la zona y aprenden de ellos técnicas bélicas que rápidamente hacen suyas. Parte de su éxito militar, y el origen de otra simplificación histórica que te contaré al final, fue la adopción de la caballería pesada alano-sármata, con jinetes y caballos acorazados y picas de carga. 

Pero ya sabemos que nada dura para siempre, y, si no, que se lo pregunten a los romanos...


Recorrido godo por Eurasia (ss. III-VI).

Zona de fricción entre godos y romanos.


En ese mismo siglo de la gran emigración goda, el tercero de nuestra era, Roma se sume, y muy a conciencia, en lo que los historiadores llaman Crisis del siglo III. Hasta veintiocho emperadores se suceden en el trono, en una espiral de guerras civiles, asesinatos y usurpaciones. La Galia, Hispania y Britania, por un lado, y Palmira por otro crean estados independientes. Los persas sasánidas por el Este y los bárbaros por el norte -francos, alamanes, pictos, sajones, godos- presionan sobre el limes imperial. 

En lo económico, y gracias a la hiperinflación, nacen los brotes, nada verdes, del feudalismo, pues los pequeños propietarios renuncian a sus derechos de ciudadanía a cambio de la protección de los terratenientes. Sus descendientes quedan, de por vida, atados a la tierra. 

Y así hasta que dos "emperadores-soldados", Aureliano -serbio- y Diocleciano -croata- retoman a finales de siglo las riendas sueltas de la cuadriga romana y frenan a los caballos desbocados de Caos. Diocleciano establece la Tetrarquía, o Régimen de los Cuatro Emperadores, y prepara a los romanos para la idea de una división entre Oriente y Occidente, separación que se hará irreversible en 395.


Imperios romanos de Oriente y Occidente.

Mientras tanto, los godos, asentados en Escitia, miran con ojos lobunos la riqueza del Imperio. Codiciosos, se lanzan a saquear "por tuerto y por derecho" a los romanos fronterizos. Por tuerto, violando la frontera con incursiones y algaras y derrotando y matando al emperador Decio en 251; por derecho, ofreciéndose como mercenarios -foederati- para luchar contra otros bárbaros o en las guerras civiles por el cetro imperial, a cambio de paga y botín, claro. Y todo aliñado con tratados de paz que se incumplen y treguas muy frágiles. Esta especie de "ni contigo ni sin ti" se liquida en el año 370: en la lejanía resuenan los cascos de unos caballos que no dejan que vuelva a crecer la hierba...


¡¡¡Que vienen los hunos!!!


Godo "escita" carga contra un
guerrero huno desmontado.
Ilustrador: José Daniel Cabrera Peña.
Desperta ferro, #1.

De ellos dice Amiano Marcelino:
"Son seres imberbes, musculosos, salvajes, extraordinariamente resistentes al frío, al hambre y la sed, desfigurados por los ritos de deformación craneana y de circuncisión que practicaban, e ignorantes del fuego, de la cocina y de la vivienda".

Alargamiento artificial del cráneo de un noble huno.
Recreación de 
© Marcel Nyffenegger

Pero las organizadas tropas esteparias -olvídate de "hordas" y disculpas de ese estilo- caen sobre los alanos, que, a su vez, se echan sobre los godos greutungos, la rama gótica que llamamos "ostrogodos", y estos empujan a sus paisanos tervingios ("visigodos"), siempre en sentido este-oeste con variación sur. Así llegan los tervingios a Dacia (Rumanía), la provincia que tantos afanes le costó a Trajano conquistar y que Aureliano abandonó a su suerte. Los hunos avanzan sin rival, así que los godos tervingios, con su caudillo Atanarico, se encastillan en los Cárpatos. Vencidos y arrinconados, dos barones tervingios, Alavivo y Fritigerno, desertan con sus familias y clientes. Quieren atravesar el Danubio, frontera romana de hecho y de derecho, y pedir refugio al emperador oriental, Valente.


Cuenca del Danubio, frontera romana en el siglo IV.

Aunque en ese momento el emperador batalla con los sasánidas en Siria, les da permiso a los godos para cruzar el Danubio. Dispone que se les entreguen provisiones y acepta que se asienten en Tracia, al sur. Miles de visigodos colman barcas, almadías y monóxilas talladas con fuego en troncos. Según Amiano Marcelino, estaban tan desesperados que muchos cruzaron a nado y se ahogaron.


Los godos desembarcan en la margen romana.
Ilustración de Angus McBride

en Germanic Warrior (236-568),
para Osprey Publishing.


Al llegar a la orilla romana, se encuentran con el conde Lupicinio, gobernador de Tracia. "Conde" tiene su origen en la palabra latina comes ("compañero"), título de quienes vivían en la cercanía del emperador. Le acompañaba el jefe militar de la frontera, el duque, o dux, Máximo. Amiano los describe así:
"Su codicia siniestra fue la raíz de lo que vino [...] Los bárbaros, después de cruzar el río, llegaban hambrientos y exigían comida, y aquellos infames generales idearon un abominable trueque. Reunieron todos los perros que su insaciable codicia pudo reunir y se los cambiaron a los godos por un esclavo por cabeza".
Cuando a los refugiados no les quedaron esclavos que trocar, tuvieron que entregar a sus hijos como rehenes; los mayores pasaron a la recluta imperial como refuerzo de las legiones en Persia, una de las razones por la que Valente había autorizado su entrada en el imperio. Otra era la precaución ante unos refugiados que sabían combatir.

A pesar de las malas condiciones en las que llegaron a la orilla imperial, los tervingios se presentaron ante los romanos en condición de iguales. Sabían que el grueso de sus legiones estaba en Siria y de sobra eran conscientes de su propia destreza guerrera y de su número. Además, venían con sus familias, así que los guerreros solo tenían que ocuparse, llegado el caso, de pelear. Por eso los tervingios exigieron que los asentaran en la fértil Tracia. Lejos de eso, Lupicinio y Máximo los hacinaron en un inmenso campo de refugiados, justo en la ribera del Danubio, y empezaron a especular con la necesidad de los recién llegados.


Recreación de un adalid godo.
Angus McBride en
Germanic Warrior (236-568).
Osprey Publishing.

Y en eso estaban, en llenar sus bolsas a costa de los refugiados tervingios, cuando los greutungos fuerzan la frontera y se suman a sus paisanos. Como éramos pocos, parió la mula: el abandonado caudillo Atanarico también exige refugio, pero los romanos, que tenían con él un viejo acuerdo de paz, se lo niegan. Los godos rechazados se lanzan al saqueo de los territorios desprotegidos por las tropas de frontera, que no dan abasto para contener la avalancha. Lupicinio urde un plan...

Alavivo y Fritigerno son invitados a una cena en el palacio del gobernador; podrán comer y beber hasta hartarse y negociar la entrega de alimentos a los suyos. Pero los guardaespaldas de ambos caudillos no son admitidos en el salón de banquetes. Lupicinio ordena entonces el asesinato de sus invitados; Alavivo cae, pero Fritigerno escapa y alza a su gente. Comienza el saqueo, se multiplican los incendios y godos y romanos caen bajo la espada.

El emperador Valente, su draconario y su guardia personal
resisten a muerte en la batalla de Adrianópolis.
Ilustrador: Angus McBride.

La primera consecuencia es el desarrollo de una campaña militar de la que el propio emperador Valente ha de tomar el mando. Pero la segunda, y más importante, es su derrota en la batalla de Adrianópolis (09-08-378), donde la caballería pesada goda y su infantería amparada en laagers (fortines de carromatos), auxiliados por contingentes hunos y alanos, derrotan a los legionarios y matan a Valente. Hay quien dice, quizá exageradamente, que aquella victoria de la caballería marca el inicio de la Edad Media. Lo cierto es que los godos nunca volverán a sentirse por debajo de Roma: en 410 entran en la capital del Imperio y en 531 un visigodo, Teudis, es rey en Hispania.

Cuando recuerdes las crisis de refugiados en Ruanda o en Kosovo, o te informes sobre la que tiene lugar ahora en el Egeo, recuerda que otros refugiados cambiaron la Historia de Europa.



Puedes leer la entrada anterior de este blog aquí:

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¿Y TE ATREVES CON UNA SÁTIRA DE LA TELEVISIÓN?:

4 comentarios:

  1. Fantástico repaso a las invasiones bárbaras. El relato del paso del Danubio me ha recordado algunas imágenes patéticas que he visto esta semana.
    Aquello de "la Historia se repite" no es sólo una frase, es una realidad como un templo. Lo peor es que no aprendemos de los hechos anteriores, porque no los hemos vivido antes en primera persona, y siempre pensamos aquéllo de "ésto a nosotros no nos pasará, ahora sería imposible que pasara..." Y ya ves. Tenemos un problemón entre las manos y sólo sabemos mirar hacia el otro lado ...de las fronteras. Mientras los refugiados estén lejos todos somos muy solidarios, en el momento en que los tuviéramos en nuestra propia ciudad, ya veríamos hasta dónde nos llegaba la solidaridad!
    Gracias, José Juan. Un placer leerte, como siempre.

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    1. Pues fíjate tú cómo acabó la crisis de aquellos refugiados, como para no escarmentar. Por lo demás, sí, es verdad, aquí funcionamos mucho de pastel y galería. Gracias por tus comentarios, Elisenda, siempre le añades algo a la entrada.

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  2. Gracias por esta ligera, pero precisa lección de historia.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Sergio. Un saludo.

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